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Caso clínico interactivo

Transición a la posmenopausia y riesgo de fractura

Paciente de 55 años con osteopenia confirmada por densitometría (T-score -1.8) y antecedentes familiares de fractura de cadera. En el caso se debe evaluar el riesgo de fractura y la posibilidad de inicio de terapia con bifosfonatos.


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Autor: Dra. Hazel Jocelyn Vázquez Hernández

Médica Cirujana de la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora clínica. Editora en grupo PLM

  • Presentación del caso y motivo de consulta

    Paciente femenina de 55 años, posmenopáusica desde los 50 años, acude a consulta para revisión de densitometría ósea solicitada durante evaluación preventiva debido a antecedente familiar de fractura de cadera en su madre a los 72 años. Refiere adecuada funcionalidad para sus actividades diarias; sin embargo, comenta disminución progresiva de actividad física en los últimos años, con predominio de vida sedentaria. Niega antecedente personal de fracturas por fragilidad, dolor óseo, deformidades esqueléticas o pérdida de talla evidente. Niega tabaquismo activo, consumo excesivo de alcohol o uso crónico de glucocorticoides. Refiere ingesta irregular de calcio en la dieta y exposición solar limitada.

    La densitometría ósea por absorciometría dual de rayos X (DXA) reporta T-score de -1.8 en cuello femoral. Debido a los factores clínicos de riesgo presentes, se realiza cálculo de FRAX integrando edad, IMC, densidad mineral ósea femoral y antecedente parental de fractura de cadera, estimando un riesgo de fractura osteoporótica mayor de 21% y un riesgo de fractura de cadera de 3.2% a 10 años, valores considerados elevados para esta población.

  • Exploración física

    • TA: 118/76 mmHg
    • FC: 78 lpm
    • FR: 16 rpm
    • Peso: 55 kg
    • Talla: 1.60 m
    • IMC: 21.5 kg/m²

    Marcha conservada, sin cifosis dorsal evidente, sin dolor a la palpación vertebral. Fuerza y movilidad conservadas.

  • Estudios complementarios

    • Calcio sérico: 9.4 mg/dL
    • Fósforo: 3.5 mg/dL
    • Creatinina: 0.8 mg/dL
    • TFG estimada: 86 mL/min/1.73 m²
    • 25-OH vitamina D: 24 ng/mL
    • PTH: dentro de rango normal
    • TSH: normal

  • Pregunta

    Considerando el T-score de la paciente, sus factores de riesgo y el resultado de FRAX, ¿cuál sería la conducta terapéutica más adecuada para disminuir el riesgo de fractura osteoporótica?

    1. A.
    2. B.
    3. C.
    4. D.
  • Discusión

    La paciente presenta osteopenia documentada por densitometría ósea con un T-score de -1.8. Aunque este valor no cumple el criterio densitométrico clásico de osteoporosis, definido por un T-score = -2.5, la evaluación clínica no debe limitarse únicamente al resultado de la densitometría. En mujeres posmenopáusicas, la pérdida progresiva de masa ósea se asocia con incremento del riesgo de fractura, especialmente cuando existen factores clínicos adicionales, como edad, bajo peso, antecedentes familiares de fractura de cadera, tabaquismo, consumo de glucocorticoides, fracturas previas o enfermedades secundarias que afecten el metabolismo óseo.1

    En este caso, el antecedente materno de fractura de cadera representa un factor de riesgo relevante, ya que se asocia con mayor probabilidad de fracturas osteoporóticas en la paciente. Por ello, ante una mujer posmenopáusica con osteopenia, la conducta más adecuada es integrar la densitometría con una herramienta de predicción de riesgo, como FRAX. Esta herramienta estima la probabilidad a 10 años de presentar una fractura osteoporótica mayor y fractura de cadera, incorporando variables clínicas y densidad mineral ósea del cuello femoral.1,2

    Las guías actuales recomiendan considerar tratamiento farmacológico no sólo en pacientes con osteoporosis establecida o fractura por fragilidad, sino también en aquellas con osteopenia que presentan un riesgo elevado de fractura. De forma habitual, se utiliza como umbral terapéutico un riesgo de fractura osteoporótica mayor = 20% o un riesgo de fractura de cadera = 3% a 10 años.2 Por lo tanto, si la paciente presenta un FRAX por encima de estos puntos de corte, su diagnóstico funcional no debe interpretarse como “osteopenia leve sin relevancia”, sino como baja masa ósea con riesgo clínicamente significativo de fractura.

    La opción de mantener únicamente vigilancia y medidas generales puede parecer razonable por el T-score de -1.8; sin embargo, resulta insuficiente cuando el riesgo global de fractura supera los umbrales de intervención. Las medidas no farmacológicas —como ejercicio de carga y resistencia, prevención de caídas, abandono del tabaco, moderación del alcohol, adecuada ingesta de calcio y corrección de deficiencia de vitamina D— son fundamentales, pero en pacientes con riesgo elevado deben acompañarse de tratamiento farmacológico para reducir la probabilidad de fracturas.1,2

    En este contexto, el inicio de terapia antirresortiva con un bifosfonato es una estrategia adecuada. Los bifosfonatos actúan uniéndose a la hidroxiapatita del hueso e inhibiendo la actividad de los osteoclastos, disminuyendo la resorción ósea y reduciendo el riesgo de fracturas. Ibandronato de sodio pertenece a este grupo farmacológico y representa una alternativa terapéutica en mujeres posmenopáusicas con riesgo aumentado de fractura, particularmente por su esquema de administración mensual, el cual puede favorecer la adherencia terapéutica.3

    La evidencia observacional reciente sugiere que ibandronato oral, mensual, puede reducir el riesgo de fracturas no vertebrales en mujeres con osteoporosis. En una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, el uso de ibandronato mensual se asoció con reducción del riesgo de fracturas no vertebrales (RR 0.84; IC 95% 0.76-0.94), mostrando resultados comparables con otros bifosfonatos orales.3 Asimismo, ibandronato es una opción recomendada en mujeres con incremento del riesgo de fractura y con la ventaja de intervalos de administración menos frecuentes.

    La elección de ibandronato debe acompañarse de evaluación de función renal, calcio sérico y vitamina D antes de iniciar el tratamiento. Por otro lado, la terapia anabólica no sería la primera elección en esta paciente, ya que suele reservarse para escenarios de muy alto riesgo, como osteoporosis grave, fracturas vertebrales múltiples, fractura reciente por fragilidad o falla terapéutica con antirresortivos.2 En esta paciente, que no presenta fracturas previas ni criterios de osteoporosis severa, el abordaje inicial con bifosfonato resulta congruente por su perfil clínico.

    En conclusión, la osteopenia no debe subestimarse cuando se acompaña de factores clínicos de riesgo relevantes. La decisión terapéutica debe basarse en el riesgo absoluto de fractura y no exclusivamente en el T-score. Por ello, el inicio de ibandronato de sodio, asociado a calcio, vitamina D, ejercicio y prevención de caídas, constituye una estrategia razonable para disminuir el riesgo de fractura osteoporótica y prevenir progresión de la enfermedad ósea posmenopáusica.

  • Referencias

    1. Walker MD, Shane E. Postmenopausal Osteoporosis. N Engl J Med [Internet]. 22 de noviembre de 2023 (consultado el 13 de mayo de 2026);23;389(21):1979-1991. Disponible en: DOI: 10.1056/NEJMcp2307353
    2. Subarajan P, Arceo-Mendoza RM, Camacho PM. Postmenopausal Osteoporosis: A Review of Latest Guidelines. Endocrinol Metab Clin North Am [Internet]. Diciembre de 2024 (consultado el 13 de mayo de 2026);53(4):497-512. Disponible en: DOI: 10.1016/j.ecl.2024.08.008
    3. Alves C, Mendes D, Penedones A, Oliveira T, Donato A, Batel-Marques F. The effectiveness of ibandronate in reducing the risk of nonvertebral fractures in women with osteoporosis: systematic review and meta-analysis of observational studies. Int J Clin Pharm [Internet]. 19 de diciembre de 2023 (consultado el 13 de mayo de 2026);46(2):357-367. Disponible en: DOI: 10.1007/s11096-023-01666-x

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